Casillas enquistado

Ahora que parece que Iker Casillas puede estar viviendo sus últimas horas en el Real Madrid, para alegría de unos y desgracia de otros -sobre todo no madridistas-, toca analizar las cuestiones que han desembocado en una situación que hace apenas un lustro parecía imposible, con todos los personajes saliendo a la palestra y los pros y contras del cancerbero a lo largo de su trayectoria en el cuadro merengue.

Retrocediendo hasta su génesis, el mostoleño se mostraba como un portero extremadamente ágil, de reflejos casi imbatibles, con un talento por pulir pero descomunal. Fallaba bastante por alto, pero ¿quién no trabajaría un aspecto tan fundamental desde su juventud una vez se hizo con la portería tanto del Real Madrid como de la Selección Española? No era su único defecto, pero sí de largo el más llamativo así como el que más ha pesado todos estos años a la hora de analizar sus lagunas.

Aunque la prensa patria ‘olvidase’ que Vicente Del Bosque fue el primero en sentar al hoy capitán, lo cierto es que los palos fueron a parar a José Mourinho, que una década más tarde tomó la misma determinación. ¿Por antipatía? No sean ridículos, ¿qué entrenador bicampeón de Europa y con un prestigio por las nubes iba a tirarse piedras sobre su propio tejado? ¿Por qué no contar con un portero tan genial que además es símbolo del club más importante del mundo además de emblema de una selección que por entonces arrasaba?

Dos reputados entrenadores de porteros, Silvino Louro -con Mourinho- y Villiam Vecchi -con Ancelotti-, nunca entendieron como un jugador de semejante categoría ni pulía unos defectos que arrastraba desde la adolescencia ni se entrenaba bien, algo que ya apuntó Arrigo Sacchi en su momento. Diego López sin tener el talento de Casillas demostró ser un portero tanto más completo como sobrio, suficiente para el técnico de Setúbal, cuyo perfil de guardameta se asimila al que representa el hoy portero del AC Milan.

Una prensa que demostraba día a día su odio unánime por Mourinho no acertaba a comprender que a éste le gustaba otro tipo de guardavallas más adecuado a su idea para esa posición. Tampoco tenían la empatía ni la humildad para plantearse si el cambio era justo, lesión de Casillas mediante. Daba igual, había que defender al capitán, aún por encima de otro canterano o de quien hiciera falta, sin objetividad alguna, recurriendo al insulto cuando hiciera falta, elevando cualquier acción normal a parada superlativa mientras se minimizaban errores de bulto.

A todo esto, el primer capitán, un hombre que lleva un cuarto de siglo en el club merengue, no defendió ni a su técnico ni a su compañero. Ni lo hizo entonces ni tampoco recientemente con Ancelotti o en las escasas ocasiones en que ha jugado Keylor Navas. Tampoco dio la cara por los suyos ante los constantes ataques de Xavi Hernández, que fueran falaces, ofensivos o simplemente con intención de hacer daño, ejercía su papel de cara a su afición a la perfección. Obviamente esto es imposible decirlo sobre Casillas ya que él no ha puesto nunca de su parte.

Pero más allá de la imagen pública, que no deja de ser importante, probablemente el factor que más ha pesado en su actual situación es su evidente declive desde 2012 hasta la fecha. Tras una buena Eurocopa -¿quién ha olvidado la vital mano ante Rakitic?-, la caída del mito ha sido paulatina pero sin frenos. Los fallos se han multiplicado así como el descontento de parte de la afición que no entiende como habiendo otras opciones en el banquillo y/o en el mercado sigue jugando un portero que en los últimos tiempos ha restado mucho más que sumado, en ocasiones con acciones ridículas no para alguien de su estatus, si no para cualquier profesional digno del fútbol.

Su falta de sinceridad ante su afición, su mal empleo de la capitanía y sobre todo el contraste entre lo que fue desde su debut hasta 2012 y desde esa fecha hasta ahora, es lo que posiblemente dé con el cancerbero madrileño fuera del Real Madrid antes de lo que él y seguramente todos los madridistas querrían, pero lleva años demostrando no ser el de antes, un proceso por el que pasaron Molowny, Di Stéfano, Amancio, Butragueño, Raúl o Zidane. Y sin ellos el club ha seguido adelante, ha continuado ganando y ha creado nuevos ídolos, pero para que lleguen los nuevos éxitos siempre deben competir los mejores en el mejor club, una especie de selección natural al estilo futbolero. Y Casillas dejó patente hace tiempo que abandonó la élite, por lo que su salida, fuera a Oporto o a otro destino, ayudará a su club de toda la vida así como a él si recupera humildad y ambición para competir por volver a ser el que tanto tiempo fue, al que nadie discutía pero cuesta tanto defender hoy día.

FOTO: instafutbol.com

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