Siempre hay que competir

Competir es sinónimo de amor propio: hay quien lo enfoca como querer ser mejor que los demás, hay quien intenta ser mejor que sí mismo y hay quien simplemente quiere ganar siempre independientemente de las circunstancias e implicaciones. Competir siempre implica honestidad de cara a tus adversarios, tus aficionados y a terceros, ya que muchas veces relajarse supone que se puede perjudicar a quien no tiene culpa. Esto no lo entienden muchos futbolistas profesionales, que cumplido el objetivo de su temporada antes del fin de la misma dejan de meter el pie con intensidad, corren un poco menos, se muestran menos efusivos, siendo por lo general más sencillo derrotarles. Qué bueno si te los encuentras, pero qué fastidio si necesitas que ganen a un contrincante con el que compartes intereses. En pos del respeto por el que paga los abonos y te apoya todo el año, pero también porque no te gustaría que te hicieran lo que tú puedes hacerle a otro, siempre hay que salir a ganar. No es tu culpa si una victoria tuya supone el descenso del de enfrente, pero sí puede serlo perder en caso de no haber competido íntegramente ya que esto puede tener consecuencias para otros. ¿Por qué digo esto si las competiciones ligueras más importantes ya han finalizado? Porque en España los últimos años el verano suele ser bastante agitado en términos administrativos, lo que muchas veces implica descensos de clubes que no lo esperaban -o sí- y la salvación de otros que quedaron por debajo. Para los segundos va éste artículo.

La historia reciente del fútbol patrio nos enseña que la liga no siempre acaba cuando suena el siltabazo final. Desgraciadamente la delicada situación financiera de muchos de nuestros clubes complica constantemente su futuro próximo, con Hacienda apretándoles cada vez más para que cumplan sus obligaciones. En caso contrario, la sanción puede acabar en descenso. No presentar los avales económicos a tiempo es lo que le sucedió a Sevilla y Celta hace ahora 20 años, cuando se les sentenció con la pérdida de categoría, recuperada ante las manifestaciones de sus hinchas para descrédito general. Ello favorecíó a los clubes que sí habían enviado su documentación en regla, entre los que estaban el descendido deportivamente Real Valladolid y el Albacete Balompié, que también había bajado en la promoción. Ambos regresaron a Primera, con suerte dispar, pero gozaron de una nueva oportunidad que aprovecharon mejor los pucelanos, ya que dos años después estaban celebrando su clasificación a la Copa de la UEFA.

El fútbol da tantas vueltas en un año que un equipo que esperaba un destino puede tener otro totalmente diferente en cuestión de días. El Real Murcia que finalizó cuarto en Segunda el año pasado y peleó la promoción de ascenso pasó de la ilusión a la pesadilla de verse en Segunda B, donde este curso lleno de incertidumbres acabó en las posiciones de honor de su grupo, si bien ya ha sido eliminado en la fase de ascenso a la categoría de plata. Su descenso conllevó la salvación del Mirandés, cuya campaña le ha permitido soñar hasta hace poco con ubicarse entre los 6 puestos de honor en Segunda. ¿Hubiera sido rocambolesco que subieran? Cosas más raras se han visto. Eso sí, la historia es tan caprichosa que justo un año antes, en la 2012/13, los murcianos ocuparon posiciones de descenso, si bien se salvaron ya que el Guadalajara bajó por vía administrativa.

Competir hasta el final tuvo premio para el Sevilla, tan ejemplar, hace dos campañas. Finalizar en 9º posición no suele tener premio, más cuando en la última jornada pudiste ser 13º. Sin embargo, ganar su partido junto a los pinchazos de sus rivales le llevó al conjunto hispalense a amarrar la novena plaza. Lejos de Europa, aunque solo teóricamente. Para entonces ya se sabía que el Málaga no disputaría competición continental al estar sancionado por la UEFA desde diciembre. El 7º fue el Betis, que accedió ya que el Atlético había sido tercero en Liga -iría a Champions- además de campeón de Copa. Luego estaba el Rayo Vallecano, al que la UEFA no concedió la licencia para jugar Europa League, por lo que el Sevilla, 9º, disputó la competición que ganaría tanto a la campaña siguiente como en esta que toca a su fin. Premio por competir hasta el final.

¿Cuál es la moraleja? Ya hace un par de semanas que viene advirtiéndose con un posible descenso administrativo para Elche y Getafe, algo que se ha intensificado las últimas horas. En caso de concretarse esto beneficiaría tanto a Éibar -por el puesto de cualquiera de los dos- como a Almería -si bajan ambos- a instancias de como finalizó la Liga 2014/15. El Almería, por cierto, tenía pendiente algo que ha caído en el olvido que es una sanción de tres puntos, algo que no afecta finalmente a nadie…aunque si el Córdoba hubiera peleado al máximo y logrado varias victorias en el tramo final del campeonato, quizá hoy podría soñar remotamente con mantenerse en Primera. Son los riesgos no ya de descolgarse, si no de abandonarse. No porque pueda esperarse una situación como la actual, si no por la deuda con su afición y su propia profesionalidad.

Quizá no llegue a suceder, pero hoy en Éibar y Almería pueden ilusionarse aún con estar en Primera la próxima temporada aunque no dependa de ellos. La historia demuestra que pelear siempre, aunque todo parezca lejano y perdido, tiene premio. Bien harían en recordar esto los últimos clasificados de Segunda, pues descendidos tres de ellos a falta de una única jornada aún podrían haber cambios en un futuro próximo. Se lo deben a sí mismos y a su afición, por ese último hilo de esperanza, o al menos por dignidad como deportistas.

FOTO: 12betblog.co.uk

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