Prego, Signora

Aunque lo canturrean a todas horas sus enemigos el Real Madrid siempre ha sido un club caballeroso, al menos cuando se cruza con la Juventus. Asume gustoso el favoritismo, el balón, el peso del partido y acepta sin paliativos una derrota mucho más previsible de lo que la mayoría es capaz de admitir. Siempre que hay un contexto competitivo pierde, con la feliz excepción de la mágica noche de Ámsterdam en 1998. Claro que aquella fue la única vez en que el cuadro bianconero llevaba la vitola de favorito. La Juve, pues, vuelve a estar en su salsa.

La actuación de varias de las piezas explican por si mismas el desarrollo y los porqués del encuentro. Sturaro se vació así como un Arturo Vidal que se dejó el alma corriendo por todo el campo. En esa línea estuvo un notable Morata que conjugaba a la perfección con el inmenso Tévez, el cual mordía a una defensa perdida en las dudas de Varane, huérfana de un Ramos descolocado que desconoce su innovadora posición. Habrá que preguntarse para qué tiene el Madrid en su plantilla a gente como Illarramendi, Khedira, Lucas Silva e incluso Coentrão, que podrán gustar menos al míster si bien conocen las exigencias de su posición, pero sobre todo lo que hacer con el balón cuando les llega a los pies. Regresando a Varane, sus cualidades son excelentes, especialmente la de rectificar, pero si errase menos no tendría que enmendar tantos errores propios. La época oscura de Marcelo, caído en un agujero negro, la dejaremos para otro día, no obstante Carvajal e Isco tienen también lo suyo. A Casillas ni se le espera. ¿Bale, aló?

Con todo, el Madrid sufrió nuevamente su gran mal de este curso: adolece de gol en los partidos ante los grandes, lo que obviamente le afecta a la hora de vencer. Si tomamos los duelos de máxima exigencia por los que han pasado los hombres de Ancelotti desde agosto, es decir los 8 envites ante el Atlético y los 2 ante el Barça más el de anoche, el balance arroja únicamente dos victorias y tres empates por seis derrotas, con diez goles a favor -tres en el mismo encuentro- por diecisiete en contra. El muestrario merengue ofrece habitualmente momentos excelentes en que domina a su rival, le somete en ráfagas, pero no acierta al arco, o al menos no lo hace en la medida que sugiere la gran cantidad de ocasiones que llega a generar. Que no aprovechase ayer la hora de exposición de los centrales juventinos, poderosos en su fuerte pero débiles a campo abierto con el balón en los pies -como Samuel y Cannavaro-, puede llegar a ser dramático si no dan la vuelta a la tortilla en el Bernabéu.

Pese a todo lo anterior ni gran parte de la hinchada ni el periodismo patrio aprenden. Todos dicen que pasará el Madrid en la vuelta, sin dudar ni un solo segundo ante la dificultad del rival ni reparar que esto son semifinales. Décadas lleva el Real Madrid sin batir a la Juventus en una eliminatoria continental, algo que no ha sucedido en las 3 veces que se han cruzado en el formato Champions. Es su bestia negra europea en la época moderna, pero por su origen italiano y su clásica puesta en escena les niegan tal condición. La historia está ahí. La ventaja es juventina. La Vecchia Signora viajará cómoda a Madrid, sin una presión que es toda de su adversario, pero con el resultado a favor, como cuando derrotaron a Borussia Dortmund y Monaco para superar tranquilos e inmaculados la vuelta. Anoche los caballeros blancos ya cedieron amablemente con un inconfundible ‘prego, Signora’. En el Bernabéu la cosa será más salvaje.

FOTO: theguardian.com

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