Una mala tarde

Al descanso del clásico contemporáneo del fútbol germano se respiraba normalidad en el triunfo parcial de los locales. Al fin y al cabo el hundimiento del Borussia Dortmund esta temporada no solo se reflejaba en el bajo rendimiento de muchas de sus últimas incorporaciones si no también en unos resultados muy lejos de lo esperado, tanto que ya ni resultaban un incordio cuando se enfrentaban a sus rivales del sur. Derrotados en tanto en el Allianz como en el Westfalenstadion así como en la última final de la DFB Pokal, los hombres de Klopp aparecían como víctima propicia para alcanzar una nueva final a cambio de cerrar el ciclo de Klopp con otra derrota borusser.

Todavía con 1-0 -obra del fino Lewandowski- se las prometían aún más felices los hinchas del Bayern cuando veían por fin a Robben calentando en la banda. Resolvería con su fulgurante chispa en lo restante para llevarles en volandas a una final en la que probablemente el adversario sería el Wolfsburg, que hoy juega ante el Arminia Bielefeld. Todo ello en pos de emular un triplete cercano, como hace dos años cuando Heynckes dejó los mandos a Guardiola.

Pues no.

El Borussia reaccionó. Muchas cosas no les han salido este curso pero talento arriba poseen de sobra para amargar a cualquiera, como bien saben en Múnich pues precisamente eso les ha pasado con bastante frecuencia estos años de kloppismo. Y el genial y excéntrico técnico que devolvió la gloria al BVB no quería marcharse de vacío en el que podía ser su último gran partido, así que tocó corneta, puso la carne en el asador e igualó Aubameyang. Tres minutos después Arjen Robben recaía de una lesión que le apartará de las semifinales de Champions ante el Barcelona.

Llegó la prórroga, el Bayern se hizo acreedor de un nuevo gol que nunca llegó ante la soberbia actuación del australiano Langerak, negando sistemáticamente el premio a los que lo buscaron con más ahínco. Los visitantes se sobrepusieron incluso a la expulsión del decepcionante Kampl, aguantando el tipo hasta los penaltis, donde caben la magia, el drama, lo inesperado. Cuatro lanzaron los jugadores del Bayern, pero entre resbalones, paradas y postes ninguno besó la red. Uno menos necesitó el Borussia para meterse en la última final de Jürgen Klopp. Mientras Guardiola se lamenta porque su maltrecha fortuna no solo les ha hecho perder un título, si no también a su mayor puñal en la figura de Robben. Otro zurdo menos, con Alaba en la enfermería. Respira el Barça. Una mala tarde la tiene cualquiera.

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