Sin ambición no hay paraíso

9 derrotas en los 18 partidos oficiales disputados en lo que llevamos de 2015, la más reciente anoche ante un Eibar -que acumulaba once partidos sin vencer-. Entre ellas los dos bochornos del Ciutat de Valencia ante el Levante, la dolorosa eliminación copera ante el Athletic Club y la infame racha actual a domicilio con tres caídas que solo se explican desde la apatía y el conformismo. No es casual que en la mitad de encuentros mencionados que no se ha perdido el plantel realizase actuaciones formidables que les llevó a la victoria ante el Valencia y el Barcelona, ambas incluso por un margen corto para lo mostrado sobre el césped.

Es pues un problema de motivación. Haber sido un equipo ascensor de toda la vida mantiene la psique del aficionado anclada en la salvación como objetivo único, algo que cala en el subconsciente de un jugador que una vez alcanzada la meta se deja llevar para motivarse únicamente ante los grandes, como sucederá el este sábado ante el Atlético y la semana que viene ante el Real Madrid. Claro que ante equipos así son una minoría de encuentros, pues la Liga son 38 jornadas, no cuatro ratitos con las cámaras enfocándoles y vertiendo elogios.

Tras una primera vuelta tan inesperada como espectacular mantener la categoría era prácticamente un hecho, algo que está a punto de lograrse matemáticamente. Sin embargo una vez acometido el fin principal del curso, ¿por qué no aspirar a más? Es lo que no alcanzo a entender, y leyendo a Javi Gracia creo que él tampoco. El técnico, por cierto, se ha ganado el cielo por su excepcional trabajo así como por su forma de ser. Optimista y ambicioso, es una lástima que sus jugadores hayan dejado de escucharle.

Séptimos en la Liga sin presión ni un calendario cargado, con un colchón enorme respecto a la zona comprometida de la clasificación, ¿qué les impedía mirar hacia arriba? ¿por qué no dejarse el alma en la Copa para llegar a semifinales cuarenta años después? Las despobladas vitrinas malaguistas agradecerían que al menos las limpiasen por si acaso. Por otro lado, dar por sentado que ninguno de los perseguidores les alcanzarán en la tabla y que los triundos de otros les llevarán a Europa -la Copa para el Barça, una Champions española o UEFA sevillista- está haciéndoles daño. Podrían estar ubicados perfectamente entre la 5ª y 6ª plaza con opciones reales de pugnar por el 4º puesto, pero es más sencillo dejar que otros hagan la tarea por ti.

Viéndoles jugar partido tras partido dan una sensación plomiza, ligeramente mitigada en casa -fuera directamente se han borrado- al calor de una animosa pero nada exigente Rosaleda. ¿Han habido pitos este año en el coliseo malacitano? ¡Como hubiera sido posible viendo la clasificación! Cualquiera firma en septiembre el decimoséptimo puesto liguero al acabar el campeonato, pero no por salvar la vida hay que ser conformista cuando se puede aspirar a más. ¿Cómo si no tenemos la desfachatez de meternos con los rivales de Sevilla cuando ellos se toman la competición en serio y ganan títulos? ¿Vamos a vivir toda la vida de ganar puntualmente los derbis regionales o queremos ser grandes? Adversarios siempre, pero ejemplo también del que debería aprenderse en la capital costasoleña.

Una gran tristeza me abate hoy aunque prefiero aparcar las penas para ser optimista: se jugará en Primera por octava campaña consecutiva, lo que supone un récord del club en cualquiera de sus denominaciones; el equipo tiene una base joven muy talentosa a la que la experiencia hará crecer; además las nuevas generaciones que forma Ruano brillan augurando un futuro espléndido. Sin embargo al final me queda claro que si no ambicionan crecer, ganar, pelear por cotas más altas, no alcanzarán el paraíso futbolístico, algo que quizá sí logren en otros clubes los futbolistas que emplean al Málaga como un medio en vez de como un fin. Pero esa triste realidad ya la tenemos más que asimilada. En fin, para una vez que podíamos hacer algo grande con gente de nuestra tierra…

FOTO: noticias.lainformacion.com

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