Quejarse en vez de competir

Cada gran goleada en nuestra liga reabre el manido -y admitámoslo, aburrido- debate sobre la diferencia económica entre los clubes nacionales de Primera División. Por descontado la paliza que recibió el Granada el domingo pasado en su visita al Real Madrid no podía suponer una excepción. Por ello tras leer y escuchar ciertas barbaridades en este rincón de internet me dispongo a expresar mi opinión al respecto tratando de ser honesto y objetivo en el tema, a ver si arrojando un poco de luz e historia aportamos algo de valor.

A veces defendiendo a unos tendemos a olvidar su realidad, su contexto y entorno, su historia. Está muy bien vocear contra el poderoso duopolio, pero estaría mejor razonar los porqués de su magnitud. Es tan obvio como indiscutible que el reparto es tan injusto como mejorable, pero ello no debe valer como excusa para todo. No al menos cuando vemos que los retales+cantera del Málaga se comen al Barça, o al Sevilla elaborar desde hace una década proyectos ganadores, o al Deportivo pasar de ser equipo ascensor a dominar la Liga. El dinero es un factor importantísimo, pero no lo decide todo. Cierto es que la abismal diferencia presupuestaria de los dos gigantes abre un abismo con el resto, pero ése problema compete a Atlético, Valencia y Athletic Club, los que completan el repóker de grandes nacionales. ¿O pensaban Granada o Elche pelear por la Liga?

Sumerjámonos pues en la historia. Ubicados en las dos principales urbes españolas, el crecimiento de Real Madrid y Barcelona ha ido de la mano de las mismas, algo de lo que también se aprovecharon Atlético, Valencia y Athletic Club. De hecho los movimientos migratorios británicos propiciaron el dominio durante las primeras décadas del pasado siglo de los clubes vascos -Athletic, Real Unión,  Arenas de Guetxo, UC San Sebastián-, nutridos de marineros futboleros.

Hasta mediados del Siglo XX la paridad fue tal que en 20 ediciones ligueras se proclamaron campeones 7 clubes distintos, todos ellos de ciudades importantes y bastante más desarrolladas que otras urbes en las que la industrialización fue más lenta y/o tardía. Por entonces no había marketing ni derechos audiovisuales, pero el auge financiero de las entidades de grandes metropolis comenzaba a notarse. Mayores estadios atraían a hinchadas más numerosas, lo que permitía mayores ingresos que podían pagar los sueldos de mejores jugadores. Ello sin embargo no aseguraba el éxito, como bien sabe un Real Madrid que pasó dos décadas sin alzar la Liga pese a la buena gestión de Bernabéu y de haber levantado el estadio de Chamartín. Hoy apenas se aprecia pero las arriesgadas apuestas de don Santiago casi dan con el Madrid arruinado y en Segunda. Aquello fue en la década de los 40, cuando también el Barça rozó el descenso.

“Sería en los 50 cuando una conjunción de factores daría con varios de los mejores jugadores del mundo entre ambos clubes. Kubala, César, Ramallets, Czibor o Kocsis en los blaugrana; Di Stéfano, Gento, Rial, Puskás o Kopa en los blancos”

 

¿Ha influido la industrialización y crecimiento de las grandes ciudades en el asentamiento de importantes clubes de fútbol? Definitivamente sí, pero ello no implica una relación directa con la gloria como bien pueden atestiguar algunos de los enclaves de mayor peso a nivel mundial tales como París, Londres, Berlín o Moscú, cuyos clubes más representativos ni siempre han dominado a nivel doméstico ni han tenido la relevancia internacional esperada -pero que sí han tenido o tienen Marsella, Manchester, Múnich o San Petersburgo-.  Empero Madrid, Buenos Aires o El Cairo son ejemplos de todo lo contrario.

Por otro lado, uno es humilde/pequeño en función al prisma con el que se le vea. ¿Lo es el Albacete respecto al Atlético de Madrid? Por supuesto,  pero ¿no es igual de abismal o incluso mayor la diferencia del propio Albacete respecto a Almansa, Pozohondo o Tarazona de la Mancha? ¿No sueñan los niños de la provincia manchega con el gran club de la región como cualquiera lo haría con Athletic Club o Valencia? ¿No es por tanto un poco demagógico e incluso cínico poner como “humildes y pequeños” a aquellos que manejan millones de euros de presupuesto -más que el 99% de clubes nacionales e internacionales- y se llevan a las perlas de su zona por cuatro balones? ¿Acaso merece castigo la mejor gestión, visión empresarial, riesgo y éxito de aquellos que más han triunfado? Cabe recordar que por más sentimientos que volquemos sobre el fútbol, los clubes de élite funcionan como empresas que manejan cantidades astronómicas de dinero, por lo que lo más lógico es que cada uno busque lo mejor para su compañía/socios.

Las Academias de Málaga y Villarreal, los fichajes del propio Submarino y el Sevilla son hoy lo que Lezama y Mareo en su momento o la gran gestión del SuperDepor de Lendoiro, es decir, los espejos sobre los que mirarse. No por ello hay que dejar de reclamar toda la justicia del mundo respecto al desigual reparto del pastel -un sistema como el inglés con sus variables sería mucho más equitativo- pero cuando continuamente se hacen las cosas mal quizá haya que pensar que algunos no descienden por alguna goleada puntual, si no por competir mal tanto institucional como deportivamente.

 ¿Qué culpa tiene el Real Madrid de la ineptitud de un adversario que se viene abajo tras solo media hora de partido cuando pierde únicamente por un gol? ¿Por eso es una liga de mierda como proclama tanta gente? Precisamente el coeficiente UEFA indica que la Española sigue siendo la mejor liga europea -y por ende, mundial-. ¿Teníamos una #ligademierda cuando el Athletic Club aplastó por 12-1 al Barcelona en los albores del campeonato liguero? ¿Era mala la liga cuando el propio Madrid le metió 11-2 al Elche? Por aquel entonces los blancos eran los vigentes campeones europeos, logro que habían conseguido por cuarta vez si bien iban camino de la quinta.

Pero aquí en vez de pensar en que unos necesitaban resarcirse para meter presión a su máximo rival, que son los actuales campeones mundiales y que enfrente tenían a un equipo en descenso, de capa caída que tan solo ha ganado dos de sus últimos veinte encuentros oficiales, se buscan excusas. En vez de otorgar el mérito que merece al que golea, al que se esfuerza hasta el pitido final respetando a su contrincante dándolo todo, se le ponen paños calientes a un plantel que parece haberse rendido hace tiempo y merece la incomprensión de una afición dolida que ve como puede perder una categoría que tantas décadas pelearon por recuperar. Las diferencias presupuestarias se sacan cuando convienen, hasta venciendo en un contexto parecido.

Al final da igual. Estamos en España, donde ¿para qué íbamos a competir pudiendo quejarnos?

FOTO: laregion.com

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