¡Gol de Zanetti!

Llevaba ya algún tiempo recorriendo el costado diestro de los prados italianos cuando Javier Zanetti quedó para siempre grabado en mi memoria de adolescente nerazzurro. El Inter, que pelearía aquel curso por el Scudetto con la Juve de Lippi y el imparable Del Piero per-lesión, había caído 2-0 ante el Estrasburgo en la ida de los octavos de final de la UEFA 97-98.

San Siro necesitaba una remontada para seguir creyendo en los Ronaldo, Djorkaeff, Pagliuca, Bergomi, Simeone, Zamorano, Recoba…un conjunto de estrellas en el que un pibe argentino se partía el alma sin importar el encuentro ni el rival. Comenzado el segundo tiempo una volea del ‘Pupi’ igualó una eliminatoria que Simeone acabaría decantar del lado local. Jamás he olvidado ése momento así como tampoco su celebración, siendo esto además una rara avis, ya que el argentino apenas anotó una veintena de goles desde que en 1995 aterrizase en Milán. Meses después el título se convertiría en el primero de los dieciséis que obtuvo como interista -anotando otro bello tanto en la final ante la SS Lazio-.

¿Qué escribir de él que no esté dicho ya a estas alturas? Pues que aquellos que amamos el deporte perdemos un referente. Según quién lo vea el fútbol puede ser una nimiedad o algo muy serio, pero para los que nos ubicamos en el segundo grupo alguien como Javier Zanetti es el tipo de profesional que siempre querríamos en nuestro equipo. Más allá de sus indudables condiciones futbolísticas -no se sobrevive 20 años en la élite así porque si- siempre se comportó de manera loable con rivales y compañeros, siendo un tipo tan respetuoso como coherente. Pocos ejemplos pueden destacar tanto como él en este sentido. Paolo Maldini, Ryan Giggs o Carles Puyol no sólo fueron números uno en sus puestos, sino también capitanes ejemplares. Otro ídolo se marcha, pero el respeto por su figura prevalecerá de generación en generación como el ideal de deportista profesional y entusiasta de su disciplina. C´e solo un capitano!

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