Pan para hoy, hambre para mañana

El pasado domingo Messi brilló en un clásico repleto de fuegos de artificio. Partido divertido e inconsistente, pesadilla para los puristas, magnífico para aquellos que disfrutan del juego sin pretensiones. Pero también una tortura para aquellos que esperan algo más de seriedad de dos plantillas excelsas, copadas de cracks que no están respondiendo a nivel global en los términos que de ellos cabe esperar. Cayeron muchos goles, fue bonito, ambos tuvieron su momento y para que no faltase nada Undiano Mallenco se unió a la fiesta, pero analizando en frío el duelo deja más sombras que luces. El Barça se llevó los tres puntos, pero la sensación que me queda es que el Atlético fue el gran ganador. Y con todo ello creo que los 3 contendientes al título liguero pueden extraer conclusiones positivas y negativas del clásico.

¿Por qué? El único que no estaba sobre el césped vio como dañaban a su enemigo íntimo, recuperando el liderato en el tramo final del curso, cuando decía Luis Aragonés que se decidían los campeonatos. Con menos recursos tanto económicos como deportivos se mantienen a la par, tan favoritos como el resto. Y sin derrotas -aunque tampoco victorias- en los duelos ligueros -ay, la Copa-. Los de Simeone siguen ahí, con menos ruido pero demostrando ser mejor equipo, más trabajado y ordenado. Con Messi o Cristiano vistiendo de rojiblanco posiblemente la Liga ya tendría dueño, o casi.

Advirtiendo desde agosto, los rojiblancos se la jugarán en el Camp Nou en la jornada 38. A saber como está un rival que vive un carrusel de emociones continuo. Inestabilidad institucional, Messi medio desamparado por un club que él solo mantiene a flote y un equipo que tan pronto cae en Zorrilla o Anoeta como asalta a Manchester City y Real Madrid a domicilio. Muchos pensaban -pensábamos- que ahí comenzaría el principio de su fin, pero aunque el juego culé se haya desnaturalizado para acabar siendo algo difícil de definir a años luz de aquel equipo dominante -cuyos campeones parecen desmemoriados-, el orgullo parece mantenerse intacto.

Sin ánimo de desmerecer al renacido cuadro azulgrana, Pellegrini y Ancelotti han puesto de su parte, aunque también Martino. El argentino, mucho menos respaldado por su club que en sus exitosos periplos con Paraguay o Newell’s, también comete acciones dudosas. Pese al agujero negro que es Mascherano no está dando la alternativa a Bartra. Aunque Cesc sumiera en el caos a su propio equipo el domingo fue solo muy al final cuando lo sacó. Neymar, decisivo a su modo en el clásico, prevaleció ante Pedro y Alexis, con menos nombre pero mucho más trabajo, y probablemente mayor importancia para los suyos ante un rival de tal enjundia. Con la banda derecha como coladero ante la pasividad de Neymar-Xavi y el mal hacer de Alves -atrás-, ahí hizo daño el Madrid.

Claro que el agujero madridista también se encontraba en la derecha de su defensa. Las prestaciones ofensivas de Carvajal son notables, pero defensivamente se encuentra muy lejos de sus compañeros de zaga. Progresará, pero el encuentro le vino grande. Claro que en el 0-1 cometió el mismo error que Coentrão-Di María en el reciente derby ante el Atlético -gol de Koke-. Bale, más solo que la una en ocasiones y desnortado en otras, suficiente hizo con un despliegue físico que no obtuvo recompensa. Además la inferioridad numérica en la media con tres centrocampistas por los cinco culés pesaron mucho toda vez que los hombres de blanco ni ‘encerraban’ a Messi como antaño ni presionaban con la intensidad que Mourinho les inoculó entre 2009 y 2013. Aquello parece haberse perdido, como han demostrado ambos duelos directos entre blancos y azulgranas.

Que los fuegos de artificio no nos cieguen, pues yo eché de menos la seriedad de los gregarios que no ocupan portadas ni golean por doquier pero ganan partidos con sus sordas pero necesarias actuaciones. ¿No era mejor el Barcelona con Abidal y Puyol en la zaga? ¿No cerraba mucho mejor, mordiendo incluso si hacía falta, el Real Madrid de Arbeloa y Khedira? No se les puede clonar a ninguno ni jugar contra la naturaleza, pero sin ellos sus compañeros pierden al último hombre capaz de frenar al rival, de atosigarlo hasta agobiarle, de recuperar aquella esencia que los hizo casi invulnerables no hace tanto.

Tres técnicos aspiran a la Liga, pero quizá el que hasta ahora está siendo mejor dadas las circunstancias sea el que menos opciones tenga -por una simple cuestión de recursos, no de merecimientos- tanto en el campeonato doméstico como en el continental. No creo que el Atlético por lo demostrado hasta ahora deba temer a ningún rival, si acaso a las lesiones y la fortuna. Pero no me atrevería a decir lo mismo de unos Real Madrid y Barcelona que comen hoy, pero si no rectifican a tiempo sus deficiencias pasarán hambre mañana.

FOTO: goal.com

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