Sucedió lo que debía suceder

Cuando a mediados de Diciembre me preguntaron en Radio Inter sobre el cruce entre Barcelona y Milan no lo dudé un momento: Barça. Si ayer a esta misma hora me hubieran interrogado de nuevo por mi pronóstico sobre el duelo habría dado un resultado más incierto, probablemente inclinado hacia la entidad lombarda. Son el mismo equipo que decepcionaba a principios del curso, el mismo que venció hace tres semanas en San Siro y el mismo que cayó con estrépito anoche. Nivel decente para pelear por la zona caliente en el Calcio, pero muy insuficiente para hacer algo a la altura de su historia en Europa.

Pero más allá de ello mis dudas sobre el Barcelona ayer tenían que ver con 1) sus intentos fallidos de remontada ante Inter y Chelsea -con resultados menos adversos en ambos casos-, perfiles de rivales, propuestas y partidos teóricamente similares, y 2) con su mal momento reciente, acumulando derrotas tras dar su peor versión en años ante el propio Milan y su eterno rival un un breve lapso de tiempo. Probablemente si Niang hubiera aprovechado su cabalgada ante Valdés hoy la historia sería distinta. O no, quizá el Barça se hubiera volcado más aún hasta lograr un pase épico, aunque quizá lo más grande para los ‘rossoneri’ es que con un plantel tan limitado han llegado vivos al 90+4 de la vuelta en el Camp Nou, lo cual visto el indudable abismo de calidad entre unos y otros merece una reflexión en Barcelona.

El choque, como cabía esperar, fue unidireccional. El Milan apenas encontraba algún atisbo lejano en las bandas, donde se ubicaban El Shaarawy en la izquierda y Boateng en la derecha. Alves y Alba nunca les permitieron galopar a sus anchas, con el sacrificio propio que significaba para dos laterales de vocación ofensiva el tener que permanecer en la retaguardia. Aún así entre ellos y Niang lograron fabricar alguna que otra ocasión mal ejecutada. Antes de ello Messi se había colado por el lugar más difícil para anotar un golazo que facilitaba el camino culé. Con 1-0 a los cinco minutos de juego todo el mundo se preguntaba que había sido de la defensa del rival, hecha mantequilla en su corazón con una facilidad pasmosa.

El punto culminante llegó sobre el minuto 40. Un fallo garrafal de Mascherano permite a Niang encarar a Valdés, que no puede hacer nada para detener un disparo que sí repele el poste. El rechace llegó a Boateng, cuyo pase atrás reclamó como mano de Piqué al interceptar el esférico, algo sobre lo que cuesta pronunciarse al no ofrecer TVE ni una sola repetición del momento. Casi al instante, Messi se inventó otro golazo desde la frontal para igualar el global. 2-0 y descanso. Ahí murieron las opciones del Milan, que pese a seguir vivo hasta el final nunca tuvo tan de cara la posibilidad de sentenciar el pase, o al menos poner la situación algo más favorable a sus intereses.

El segundo tiempo no varió la dinámica. El Barça continuó con su presión alta, provocando que a los de Allegri la salida le costase horrores. Precisamente un balón recuperado en la zona de tres cuartos permitió a Xavi asistir a Villa, cuya sensacional definición culminó la remontada antes de la hora de juego. Éxtasis en las gradas, hora de cambios en la sala de mandos. Muntari, inexplicablemente suplente tras su gran actuación en la ida, y Robinho, inédito hasta el momento, entraron para intentar dar aire a los suyos en medio del naufragio. Los ‘rossoneri’ equilibraron ligeramente el encuentro, acercándose a las inmediaciones del área culé con más intenciones que peligro verdadero.

No fue hasta la entrada de Bojan Krkic a falta de un cuarto de hora cuando el Milan dio sensación de verdadero peligro. El ex-canterano culé realizó una gran maniobra por la izquierda que casi acaba en gol de Robinho, evitado gracias a la intervención de Jordi Alba a la desesperada. El brasileño inquietó con algún que otro desborde pero volvió a perderse en lo nimio olvidando lo esencial. Su error en el 90+4 fue más propio de un infante, dejando desnudo a su equipo cuando todos estaban volcados en busca del milagro. La contra la selló Jordi Alba en la última acción de un encuentro que permitió al Barça parecerse más a sí mismo, reconciliándose con el fútbol y ahuyentando fantasmas.

Un par de reflexiones para finalizar: ayer el Barcelona jugó muy bien pero casi nunca fue un vendaval sobre la portería de Abiatti. Quizá porque no sintió la necesidad de hacerlo, quizá porque no lo pretendió. Hilaron muy fino, transformando casi todas las ocasiones claras que tuvieron -amén del tirazo de Iniesta que acabó en el travesaño-, y aunque anoche quedó más que demostrada su evidente superioridad sobre el Milan, éstos llegaron al último minuto con la opción de clasificarse. Con ello quiero decir que las siguientes eliminatorias les enfrentarán casi con total seguridad ante adversarios mucho más fuertes que requerirán una mejor versión culé, no tanto anoche como a nivel global. En cuanto al Milan, tienen dinamita arriba pero muchísimo que reconstruir para conformar nuevamente un bloque competitivo. El Shaarawy, desasistido y desafortunado ante el Barça, debe ser la piedra angular sobre la que volver a edificar un buque que dada la coyuntura actual tardará en asustar como antaño.

FOTO: sportyou.es

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