El Barça ante su punto de inflexión

¿Qué representa la Copa de Europa si no la gran ilusión latente de todo aquel que participa en las rondas finales? ¿Y a su vez, qué significa el poso de desarraigo que deja? El vacío imposible de llenar con nada es la respuesta a lo segundo, si bien el drama se vive de forma diferente en función de las expectativas y el momento de la temporada. Pero respecto a la primera pregunta, ¿quién se atreve a negarle las esperanzas a nadie en un torneo que ha coronado a todo tipo de campeones y ha deparado innumerables sorpresas a lo largo de su historia?

Dos serán los puntos cardinales de referencia en el panorama europeo esta noche. De un lado, Gelserkirchen, lugar en el que Mourinho logró su primera Champions y que no hace mucho vio a los locales llegar a semifinales, batirá en duelo a Schalke 04 con Galatasaray, el invasor turco cuya intención subliminal es hacerse con el Viejo Continente, aspiración retomada tras los deslumbrantes fichajes del mercado invernal que han configurado un plantel con algunos futbolistas válidos, famosos -no siempre son lo mismo- y estrellas como Sneijder, Burak Yilmaz y Drogba.

Por otro lado, siendo honestos casi todos los ojos estarán centrados en el Camp Nou barcelonés. No es para menos, ya que dos de los titanes más grandes del panorama europeo se enfrentan entre sí con una resolución en el horizonte menos clara de lo que cabía esperar. Pese al magnífico tamaño de las vitrinas milanistas, a la hora del sorteo -en Diciembre- su temporada estaba siendo tan mediocre que nadie daba un duro por ellos, servidor incluido. Por entonces el Barça volaba imparable hacia la reconquista de un reino que se le escapó el año pasado ante el hambre del Chelsea y el Real Madrid.

¿Quién lo hubiera dicho? Pasadas las Navidades el Barça seguía tal cual pero el Milan comenzaba a despegar, e incluso cuando el juego de los culés languidecía Messi aparecía al rescate para salvar los muebles. Pero ni el argentino ni sus compañeros han sido los mismos desde la noche de San Siro hace tres semanas. Los hombres de Tito Roura mostraron una cara totalmente desconocida desde que iniciasen su glorioso ciclo hace ya un lustro, siendo superados por un rival que bloqueó absolutamente sus líneas de pase, alejó a Messi de su área de influencia, dejó en nada a Cesc o Xavi y no inquietó en líneas generales más allá de las aventuras ofensivas de Alves.

Luego la fortuna y la fe otorgaron dos goles al Milan, gigante por proezas como aquella cuya renta no cederán fácilmente en el coliseo blaugrana. Pese a las bajas de Balotelli -ya jugó la competición con el Manchester City- y Pazzini -lesionado, se ha quedado en la capital lombarda- Allegri maneja variantes para hacer daño en ataque, baza que deberá explotar al máximo ante el presunto choque unidireccional que se prevé, malo para una defensa sin grandes nombres pero que ya rayó a un nivel excepcional en el choque de ida.

Así pues, como en toda tentativa de remontada que se precie el choque tendrá muchas vertientes psicológicas: ¿cuándo llegará el primer gol? ¿Se sobrepondría el Barça a un tanto del rival que les obligase a meter cuatro? ¿Aguantará el Milan si ve mermada una estrategia que si todo va según lo que planean no cambiarían en los 90 minutos de partido? ¿Acusarán los culés el paso de los minutos si no son capaces de derribar el muro de su adversario? ¿Encontrará Roura las soluciones que demanden las situaciones del encuentro?

Con permiso de Gelsenkirchen, el duelo del Camp Nou promete tantísimo que costará resistirse al embriagador atractivo de dos clubes legendarios batiéndose sobre su césped con la gloria como telón de fondo. Puede suponer el punto de inflexión a una campaña culé que tras los recientes reveses podría quedarse ante un escenario desconocido los últimos años: afrontar tan sólo una competición desde Marzo hasta el final del curso. Será un todo o nada a vida o muerte. Será emocionante, mágico, tenso, con trazos de alegría y tristeza. Así es la Copa de Europa.

FOTO: eitb.com

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