Las ganas aplastaron el balón

¿Cómo se califica un choque como el de anoche disputado en San Siro entre AC Milan y FC Barcelona? ¿De verdad es una sorpresa que el segundo mejor club de la historia europea se imponga en casa a su rival? ¿Cuánto hubo de magia del envite, de autocomplacencia culé, de fortuna y merecimientos? ¿Cómo se mide el hambre? Difíciles cuestiones para concluir que los rossoneri vencieron 2-0 en uno de los resultados más llamativos de los últimos años si nos ceñimos a la previa y los antecedentes más recientes.

Honestamente, el que esto escribe no hubiera apostado anoche por el Milan. Y no creo que ello hubiera sido una falta de respeto, un concepto que mantengo alto para uno de los clubes que más ha castigado a los españoles desde siempre. La realidad es que la actual nómina del cuadro lombardo dista mucho en cuanto a kilates de la que poseían hace una o dos temporadas. Sin Ibrahimovic, Pirlo, Seedorf, Gattuso, Thiago Silva, Nesta, Pato o Inzaghi costaba imaginar a los locales zarandeando al Barcelona.

Sin ánimo de menospreciar, algo muy en boga estos días con los rivales de los clubes españoles, éste Milan no tiene el potencial de antaño. De hecho lo normal sería que en el campeonato italiano finalizasen entre la tercera y la sexta posición, ya que esta misma temporada han llegado a ubicarse muy lejos de los puestos europeos tras un comienzo horroroso que inoculó un gran pesimismo entre hinchada y afición ante el éxodo de estrellas, los malos resultados y la desesperanza que parecía transmitir el técnico Allegri. La explosión de El Shaarawy junto al espaldarazo moral -y deportivo- que ha supuesto la llegada de Balotelli han hecho crecer un grupo primero denostado y ahora en su mejor momento del curso, hasta el punto de poner en duda la continuidad en Champions de uno de los mejores equipos del mundo.

Ese ha sido el recorrido del Milan, el mismo que al caer en La Rosaleda y empatar en San Siro ante el Málaga se hizo de menos. Pero el orgullo de los grandes campeones es algo que se transmite de generación en generación, siendo capaces estas grandes entidades de sobreponerse a rivales teóricamente superiores a base de amor propio, sí, pero también de las últimas reminiscencias de talento que les quedan así como el orden espartano autoimpuesto para labrar una victoria tan sorprendente como justa.

El Barcelona volvió a hacerse acreedor casi absoluto del balón, un bien que una vez más no supo administrar ante la doble pantalla de un rival que cerraba vías y alejaba a Messi de su espacio de acción favorito. Cumplidas las dos consignas principales ante un Barça que jamás varía un ápice su forma de jugar -algo que en estas lides les ha costado caro varias veces- y carecía de un delantero centro puro, el Milan abonaba el terreno para guardarse las espaldas a la vez que fomentaba sus contragolpes, donde El Shaarawy exhibía sus mejores cualidades. Eso sí, el egipcio no anduvo afortunado de cara a puerta, como tampoco Pazzini, aunque su encomiable labor tanto defensiva como ofensiva tuvo un peso importante en el desenlace.

Perdidos en la maraña defensiva, con Messi absolutamente desaparecido -algo que comienza a ser habitual siempre que visita San Siro, la redundancia daba aire a un conjunto local que según pasaban los minutos sin recibir daño alguno se lo iba creyendo. Los contados pero serios latigazos milanistas avisaban de sus intenciones. Sabían que su oportunidad llegaría, pues siendo disciplinados minimizarían a un rival que a campo abierto tenía todas las papeletas para destrozarles. Y así fue, tras varios avisos en el primer tiempo, una rocambolesca jugada tras el descanso llevó el balón a pies de Boateng, que no dudó en cruzarla ante la estupefacción de una defensa culé que reclamaba al unísono mano de Zapata.

Hasta el momento Carles Puyol, siempre él, había sostenido la defensa barcelonista ante otra aciaga noche de Dani Alves, desaprovechado arriba y defectuoso abajo. Con calma, el Barça buscó invertir el resultado siguiendo las mismas pautas aunque añadiendo mordiente con la entrada de Alexis por un alicaído Cesc. Pero no resultó, más bien al contrario, el Milan acusó pocos agobios y logró un segundo tanto obra de Muntari en el tramo final del encuentro.

El 2-0 no se antoja definitivo, pero sí una gran ventaja para los transalpinos. Al Barcelona 2012/13 se le atragantan las eliminatorias. Cayó ante el Real Madrid en la Supercopa, está en el aire su continuidad en la Copa ante el mismo adversario, sufrieron ante el Málaga en la misma competición y ahora el Milan les ha puesto muy cara la continuidad en Europa. Tocará gesta en el Camp Nou para imponerse a un rival cuyas ganas hicieron inútiles esas estadísticas de posesión que tanto gustan a los aficionados. Al final, si no metes más goles que tu rival, maniquear la pelota sin sentido no sirve de nada, una escuela de la que los italianos han hecho virtud y gloria desde los anales del fútbol.

FOTO: fcbarcelona.es

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