FC Internazionale Milano: material autodestructivo

Hace falta un Máster en Calcio e “interismo” para entender lo que sucede en el FC Internazionale Milano, conocido como el Inter popularmente. Es de esos clubes tan extraños y cíclicos que no lo reconocería ni la madre que lo parió, aunque el padre parece que lleva de apellido Moratti atendiendo a dos amplios periodos históricos de la entidad lombarda, uno en los 60 con Helenio Herrera en el banco,Facchetti, Luis Suárez, Jair y compañía ganando dos Copas de Europa para el patriarca Angelo Moratti, y otro con el hijo de éste último, Massimo Moratti, cuya gestión pese a los fichajes -y los títulos- de relumbrón deja mucho que desear.

Empresario petrolífero y propietario del Inter desde 1995, entre sus primeras decisiones vendió a Dennis Bergkamp al Arsenal. Su historia posterior es por todos conocida. Sin embargo, si bien el holandés en sus dos años como nerazzurro no dio el rendimiento esperado, la dinámica “crack adquirido-crack desperdiciado” sentaba con él las bases de una cadencia que se repetiría a lo largo de los años hasta llegar a Wesley Sneijder como último eslabón, curiosamente otro jugador nacido en los Países Bajos.

El de Sneijder ha sido un caso curioso. El Inter lleva tiempo queriendo ajustarse a las normas marcadas en el Fair Play Financiero que ya está implantando la UEFA, cobrándose ya sus primeras víctimas. Si bien tras el Moggigate el club aprovechó las reminiscencias de la Juventus para tomar sus mejores jugadores -Ibrahimovic y Vieira- así como el mando absoluto en el Calcio -5 scudetti consecutivos-, aquella plantilla campeona envejeció con una carga salarial amplísima que lastraba al club.

Lejos que agradecer los servicios a muchos de los veteranos cuyos mejores días ya pasaron, la cúpula del Inter decidió ajustarse el cinturón poniendo en el mercado a sus mejores activos. Futbolistas de calidad contrastada con amplio recorrido aún por delante como el mencionado Sneijder o Samuel Eto’o han salido del club por un precio casi simbólico tras ser parte esencial de los últimos éxitos nerazzurri, sobre todo en la gloriosa campaña 2009-10, conquistando un triplete que coronaron con dos títulos más para cerrar 2010 con cinco copas en un año, hito sin precedentes en la historia del Inter.

Pero no solo ellos se marcharon. Los años no perdonan, por lo que se entienden salidas como las de Julio César o Maicon, piezas clave antaño. Pero cuesta entender el criterio de Marco Branca, director deportivo, para dar salida a Goran Pandev, Davide Santon, Thiago Motta y posiblemente también a Coutinho, el joven talento brasileño que puede marcharse traspasado las próximas horas a Southampton o Liverpool. Una de esas ventas que duelen, como pensar en un frente de ataque con Diego Milito, Eto’o, Sneijder, Coutinho, Pandev, Ricky Alvárez -incomprensiblemente no juega casi nunca- que ya no existe, teniendo que conformarse los tifosi con ver en su plantilla a Tomasso Rocchi, Obi, Mariga o Mudingayi, jugadores con un nivel netamente inferior al que se presupone a una escuadra como la interista, aunque al menos incorporaciones como Guarín, Palacio y Cassano están dando la cara esta temporada, que no todo se ha hecho mal.

Pero reconstruir un buque como el Inter costará muchísimo. Conociendo la historia reciente de la directiva que encabeza Moratti y cuyos fichajes ejecuta Branca, cuesta imaginar que no saquen a pasear la chequera para volver a ilusionar a la afición intentando armar un bloque competitivo. Lo que es menos comprensible es que teniendo las piezas para pelear por todo -reforzando la zaga era más que posible- el equipo esté sufriendo una alarmante falta de talento precisamente por ausencia de éste en los puestos de mando de la institución. Una vez más el peor enemigo del Inter no es ni el Milan ni la Juve, sino su propia tendencia a la autodestrucción.

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